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DIA MUNDIAL DE LOS HUMEDALES
Flamencos altoandinos: qué nos dicen sobre la salud de los humedales del NOA
En el marco del Día Mundial de los Humedales, la becaria doctoral de la Facultad de Cs. Naturales de la UNSa – CONICET: Clara Farfán, investiga cómo la condición corporal de los flamencos andino y puneño se relaciona con la calidad ambiental de los humedales altoandinos del Noroeste argentino.
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Los humedales altoandinos del Noroeste argentino (NOA) se cuentan entre los ecosistemas menos entendidos, aceleradamente transformados y, al mismo tiempo, más frágiles del país. Ubicados entre los 3.000 y 4.500 metros sobre el nivel del mar, estos ambientes albergan una biodiversidad única y cumplen un rol fundamental en la estabilidad ecológica regional, la becaria subraya que los ecosistemas son clave para la biodiversidad y hoy fuertemente amenazados por el cambio climático y las actividades humanas.
Entre las especies más emblemáticas se encuentran el flamenco andino (Phoenicoparrus andinus) y el flamenco puneño (Phoenicoparrus jamesi), aves que, además de su valor simbólico y paisajístico, funcionan como indicadores clave de la salud de los humedales.
En ese contexto, la especialista, desarrolla su investigación enfocada en comprender cómo el estado físico y fisiológico de estas aves se relaciona con las características ambientales de los cuerpos de agua que habitan. “Mi proyecto de tesis busca entender cómo se vincula la condición corporal de los flamencos con las características de los humedales donde se alimentan, que van desde lagunas hipersalinas hasta cuerpos de agua dulce con vegetación acuática”, explica.
La investigadora señala que, a pesar de la importancia ecológica de estos ambientes, aún existen importantes vacíos de información. “Todavía no hay estudios que analicen de manera directa cómo la calidad del hábitat influye en la salud individual de los flamencos. Este trabajo aportará la primera evidencia que relacione su condición física con parámetros fisicoquímicos del agua en distintos humedales altoandinos”, destaca.
Flamencos como sensores biológicos
Cuando se habla de “condición corporal” en flamencos, se hace referencia a un conjunto de indicadores que permiten evaluar su estado general de salud. “Medimos variables como la masa corporal, la longitud de las extremidades y biomarcadores sanguíneos, entre ellos el hematocrito y la hemoglobina, que nos dan información sobre la capacidad aeróbica, el estado nutricional y cómo estas aves enfrentan el estrés ambiental”, detalla Farfán.
Estas mediciones, que son mínimamente invasivas, convierten a los flamencos en verdaderos sensores biológicos. “Flamencos en buen estado corporal reflejan humedales con condiciones adecuadas para sobrevivir y reproducirse, mientras que valores alterados pueden alertar sobre problemas en la calidad del agua, contaminación o escasez de recursos”, afirma.
Para su estudio, la investigadora analiza parámetros como la conductividad eléctrica, la salinidad, el oxígeno disuelto, la temperatura y el pH del agua. “Estos factores determinan la disponibilidad de alimento, las condiciones de osmorregulación y la capacidad de los flamencos para mantener un buen estado fisiológico”, explica.
Presiones humanas y cambio climático
Los humedales altoandinos enfrentan múltiples amenazas. Entre las principales presiones antrópicas se encuentran la minería, la ganadería y la agricultura. “La minería puede generar impactos significativos al alterar la topografía, la hidrogeología y la calidad del agua, además de introducir contaminantes y metales pesados que afectan directamente a la fauna y, en ese sentido Incluso, en casos extremos, hacerlos desaparecer.”, advierte Farfán.
Estas problemáticas adquieren una dimensión crítica en regiones como el Triángulo del Litio, que concentra más de la mitad de las reservas mundiales de litio en salmuera y coincide con áreas clave de alimentación, descanso y reproducción de flamencos andinos, puneños y chilenos, en ese sentido Clara Farfán señala: “Las perturbaciones pueden provocar desde la disminución del alimento hasta el abandono de colonias reproductivas”.
A estas presiones se suma el impacto del cambio climático. “Los humedales son uno de los hábitats más afectados a nivel global y podrían perder hasta el 70% de su superficie hacia fines de este siglo” advierte Farfán y agrega: “En los ambientes altoandinos, fenómenos como El Niño y La Niña se intensifican, generando sequías prolongadas, retracción de cuerpos de agua y pérdida de sitios reproductivos. “Para los flamencos, esto se traduce en menor disponibilidad de alimento y una reducción en la viabilidad de sus crías”.
Investigar en ambientes extremos
Realizar investigación científica en humedales de altura implica importantes desafíos. “El acceso a los sitios suele ser complejo, con largas jornadas en áreas remotas, climas extremos, alta radiación UV y temperaturas bajo cero”, describe Farfán. A esto se suma la necesidad de minimizar el impacto sobre ecosistemas altamente frágiles. “La captura y el muestreo de flamencos deben realizarse con métodos estrictamente controlados y bajo permisos de conservación”, remarca.
En este escenario, el trabajo articulado resulta clave. “La comunicación entre los equipos de investigación y el vínculo con las comunidades locales es fundamental. Hoy existe un creciente interés de las comunidades por involucrarse, lo que permite construir estrategias de conservación más inclusivas y sostenibles”, señala.
Conservar para un futuro común
Los resultados de este estudio permitirán identificar qué humedales ofrecen condiciones óptimas para los flamencos y cuáles se encuentran en mayor riesgo. “Esto ayudará a priorizar sitios críticos para la conservación, orientar planes de monitoreo adaptativo y fortalecer políticas públicas”, explica la investigadora.
En el marco del Día Mundial de los Humedales, Farfán subraya un mensaje central: “Estos ecosistemas son esenciales para la vida y para nuestro futuro común. Regulan el ciclo del agua, almacenan carbono y actúan como esponjas naturales frente a sequías e inundaciones”. Sin embargo, advierte que se trata de los ambientes más amenazados del planeta. “En los últimos 300 años se perdió el 87% de los humedales a nivel global y, en Argentina, cerca del 21% del territorio corresponde a humedales que hoy están bajo presión”.
“Proteger los humedales no es un lujo, sino una necesidad urgente, contar con una Ley de Humedales con presupuestos mínimos de protección, construida con participación ciudadana y respeto por los saberes locales, es clave para garantizar agua, biodiversidad y resiliencia a las generaciones presentes y futuras”, concluye Farfán.