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10|10 Día mundial de la salud mental
Salud mental, trabajo y comunidad: Investigan el impacto de las condiciones de trabajo en la salud mental y la reinserción comunitaria
La investigación doctoral de María Alejandra Bertedor, becaria del CONICET y la UCASAL, aborda las condiciones de trabajo en instituciones de salud mental, el malestar laboral y las barreras que pueden dificultar los procesos de reinserción socio-comunitaria. La propuesta parte de una mirada comunitaria que pone en diálogo el cuidado de quienes trabajan en salud mental, los vínculos sociales y el reconocimiento de los derechos de las personas con padecimiento mental.
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Hablar de salud mental es hablar de salud. Ello supone reconocer, más allá de la biología, el valor de la dimensión psicosocial en el desenvolvimiento de nuestra vida cotidiana, es decir, los vínculos que construimos y las condiciones sociales e históricas que los enmarcan. Desde esta perspectiva trabaja María Alejandra Bertedor, Licenciada en Psicología (UCASAL) y Especialista en Dirección de Recursos Humanos (UCASAL), quien desarrolla su investigación como becaria doctoral CONICET/UCASAL. Alejandra sostiene que “la salud mental no puede pensarse a partir de dicotomías tan tajantes como la de ‘salud-enfermedad’ porque no logran ajustarse a las particularidades de nuestra subjetividad”.
En este sentido, Bertedor señala que el malestar forma parte de la vida en comunidad y no necesariamente constituye una patología. Al mismo tiempo, destaca que: "Tomar cualquier signo de malestar como algo patológico y de exclusiva responsabilidad del sujeto sin ningún tipo de miramiento a su contexto puede ser una gran fuente de sufrimiento psíquico, como también lo es el ideal de alcanzar el completo bienestar". En ese aspecto, la especialista señala que “ciertos discursos “psi” suelen ser portadores de etiquetas diagnósticas y teorías explicativas para cada malestar o, mejor dicho, para cada circunstancia de la vida cotidiana. Por lo tanto, es imperante ponerlos en cuestión porque tanto diagnosticar como medicar son actos profesionales que reclaman seriedad y una evaluación del caso por caso”.
El trabajo y su impacto en la salud mental
El trabajo ocupa una parte significativa de la vida cotidiana y constituye, además de un medio de subsistencia, un espacio de relaciones donde, donde, a través de nuestra labor, dejamos nuestra marca singular, depositamos expectativas y deseos de reconocimiento. “Pasamos gran parte de nuestras vidas trabajando, lo cual ya denuncia el papel estructurante del trabajo en la salud mental”, explica Bertedor. Las condiciones de trabajo comprenden aspectos materiales, normativos y relacionales que pueden favorecer o dificultar la capacidad productiva y el bienestar de quienes trabajan. Cuando estas condiciones no acompañan, pueden aparecer situaciones de insatisfacción, frustración y pérdida de propósito, que también pueden extenderse a otros ámbitos de la vida.
En este marco, la posibilidad de compatibilizar el trabajo con la vida personal adquiere especial relevancia. Para la especialista, que este aspecto sea actualmente uno de los factores más valorados por quienes trabajan da cuenta del estrecho vínculo entre el trabajo y la salud mental.
¿Quiénes cuidan a quienes cuidan?
Esta pregunta constituye uno de los ejes centrales de la investigación. El trabajo en instituciones de salud mental implica intervenir en escenarios complejos, atravesados en muchas ocasiones por situaciones límite, como la falta de recursos. Esto puede llevar al profesional a asumir que debe tener todas las respuestas y, así, dificultar el reconocimiento de sus propios límites. En ese contexto, Alejandra señala: “asumir estos límites constituye un acto de salud y permite que el mismo profesional pueda reconocerse como su propia herramienta de intervención”.
Desde esta perspectiva, quienes trabajan cuidando a otras personas también necesitan ser cuidados para no quedar excluidos de la misma lógica que intentan sostener cotidianamente. El autocuidado del profesional, por lo tanto, no constituye únicamente una responsabilidad individual, sino que también interpela a las instituciones en las que se desarrollan las prácticas de cuidado. “¿Quiénes cuidan a los que cuidan? "Es la pregunta que condensa el nudo argumental sobre el que gira en torno mi investigación", afirma Bertedor.
Las condiciones de trabajo y la reinserción comunitaria
Otro de los ejes de su investigación está relacionado con las barreras para la reinserción socio-comunitaria de personas internadas por motivos de salud mental. La investigadora plantea que, en ocasiones, las dificultades son analizadas exclusivamente a partir de los esquemas teóricos y operativos de los profesionales. Sin embargo, esta mirada puede dejar de lado las condiciones en las que esos trabajadores desarrollan sus tareas. “Las barreras a la reinserción socio-comunitaria de los usuarios pueden explicarse a partir de la articulación entre las condiciones de trabajo y las posibilidades de los trabajadores de servirse de ellas para desarrollar estrategias terapéuticas orientadas a tal fin”, sostiene.
De esta manera, su investigación propone analizar la relación entre las condiciones de trabajo y las prácticas de cuidado que éstas propician para comprender las posibilidades concretas de promover procesos de reinserción comunitaria.
Recuperar los vínculos y la dimensión comunitaria
“La perspectiva comunitaria alienta a volver la mirada sobre el otro, reconociendo en él una malla de contención frente a las vicisitudes de la vida”, explica la becaria. En el ámbito de la salud mental, particularmente en el contexto de las instituciones psiquiátricas, este enfoque busca fortalecer los vínculos y promover la autonomía, en lugar de profundizar situaciones de aislamiento de personas cuyo diagnóstico ya trae aparejado una rebaja de la capacidad social.
La perspectiva comunitaria también adquiere relevancia frente a una época caracterizada por una creciente centralidad del individuo que insta a competir con uno mismo y con el otro. En este contexto, Bertedor advierte sobre una paradoja: a pesar de la hiperconectividad y de que cada vez se habla más sobre salud mental, persisten sentimientos de soledad y dificultades para construir lazos sociales. “Adherir a la perspectiva comunitaria supone ir en dirección contraria a esa lógica que nos repliega sobre nosotros mismos”, agrega.
Salud mental y derechos
La mirada comunitaria se encuentra estrechamente vinculada con una concepción de la salud mental en clave de derechos humanos. Desde esta perspectiva, ninguna persona puede ser reducida a una etiqueta diagnóstica. “Hablar de salud mental es hablar de derechos porque como seres humanos somos iguales en dignidad y ninguna etiqueta diagnóstica puede anular esa dimensión”, afirma la investigadora. En Argentina, este enfoque se encuentra contemplado en la Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657, que reconoce a las personas con padecimiento mental como sujetos de derecho y establece al Estado como garante de esos derechos. Por ello, establece una forma completamente diferente de abordar de las problemáticas de salud mental.
Construir comunidad como forma de cuidado
Para Alejandra, pensar la salud mental también implica preguntarse por los modos en que una sociedad construye vínculos, redes de apoyo y espacios de pertenencia.
En tiempos atravesados por la fragmentación de los lazos sociales, fortalecer lo común puede convertirse en una herramienta de cuidado. En esa dirección, M. Alejandra concluye que: “Hablar sin prejuicios sobre lo que nos pasa es sumamente necesario y más aún la existencia de espacios de escucha que nos remitan tanto a la consulta con profesionales, como a nuestras redes de apoyo y contención. Romper el silencio y el aislamiento. Esto también es salud mental, es decir, el término no sólo evoca a lo ‘problemático’, sino también a elementos que contribuyen a la calidad de vida”.

