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CIENCIAS MÉDICAS
Una especialista del CONICET investiga la sepsis y sus efectos a largo plazo en poblaciones del norte argentino
La Dra. Laura Alberto inició un estudio en el Hospital Oñativia para conocer cuántas personas padecen sepsis en la región, una emergencia médica poco visible y de la cual se investiga cómo evoluciona y qué ocurre con los pacientes después del alta médica.
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La investigadora adjunta se destacó en el Instituto de Investigación en Medicina y Ciencias de la Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador, desarrollando su trabajo en el campo de las Ciencias Médicas dentro del área de salud humana y enfermedad crítica, hoy en día trabaja en el Hospital Público Dr. Arturo Oñativia en la Unidad de Conocimiento Traslacional Hospitalaria. Alberto, es Lic. en Enfermería y graduada de la Especialización y la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés, y de un doctorado (PhD) de la Universidad de Griffith de Australia, su línea de investigación se centra en las trayectorias de salud en sobrevivientes de sepsis de una población poco estudiada del norte argentino.
Desde la especialidad de Enfermería, Alberto impulsa investigaciones orientadas al reconocimiento temprano de la sepsis, particularmente a través de estrategias de screening iniciadas por personal de enfermería, una intervención clave para detectar a tiempo esta condición potencialmente mortal. En este marco, comenzará un estudio en el Hospital Arturo Oñativia de Salta que buscará comprender la magnitud del problema en la región, las características de los pacientes afectados y las consecuencias que persisten incluso después del alta médica.
Una respuesta del organismo que puede volverse peligrosa
“La sepsis es una respuesta desregulada del organismo frente a una infección”, explica la investigadora. En lugar de limitarse a combatir el agente infeccioso —que puede ser una bacteria, virus u hongo—, el sistema inmunológico comienza a dañar los propios tejidos y órganos del cuerpo.
Este proceso puede afectar diferentes sistemas, como el pulmón, el corazón, los riñones, el sistema nervioso o el sistema hematológico. Aunque la fiebre suele ser uno de los signos iniciales de infección, también pueden aparecer síntomas como alteraciones en la respiración, presión arterial baja, disminución del volumen de orina o cambios en el estado de conciencia.
“El problema es que estas alteraciones pueden comenzar de forma leve, pero deteriorarse rápidamente y comprometer la vida si no se tratan a tiempo”, señala Laura. En su forma más grave, la enfermedad puede evolucionar hacia un shock séptico, que requiere soporte vital en terapia intensiva. La sepsis fue reconocida como un problema de salud global por la Organización Mundial de la Salud durante la Asamblea Mundial de la Salud de 2017.
Un problema frecuente y con alta mortalidad
Según estimaciones publicadas en la revista The Lancet, la sepsis afecta cada año a 49 millones de personas en el mundo. En Argentina, se calcula que cerca de 200 mil personas desarrollan esta condición anualmente, con una mortalidad cercana al 27%.
Estudios realizados en el país también muestran diferencias importantes según el tipo de institución de salud. Una investigación multicéntrica liderada por la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva encontró que los hospitales públicos presentan mayor frecuencia de shock séptico (47%) que los privados (35%), además de una mortalidad más elevada. Entre los factores asociados aparecen condiciones sociales y sanitarias: pacientes sin cobertura médica, con menor nivel educativo, más comorbilidades y demoras en la consulta médica.
“Estas diferencias probablemente influyen en la mortalidad”, explica la especialista.
La importancia del diagnóstico temprano
Uno de los mayores desafíos frente a la sepsis es su reconocimiento temprano. Muchas veces el diagnóstico se confirma recién de forma retrospectiva, cuando la enfermedad ya avanzó.
“Cuando existe una infección y aparece una disfunción de órganos que no tiene otra explicación, es fundamental sospechar sepsis”, destaca por su parte Laura Alberto. Identificar el microorganismo responsable suele requerir cultivos microbiológicos, estudios que pueden demorar alrededor de 48 horas. Sin embargo, ese tiempo puede ser crítico para el paciente.
Por ese motivo, las guías internacionales recomiendan iniciar el tratamiento dentro de la primera hora de sospecha, utilizando antibióticos de amplio espectro y medidas de soporte para los órganos afectados. La investigadora, también advierte: “Este concepto de urgencia está muy claro en enfermedades como el infarto o el accidente cerebrovascular, pero todavía no ocurre lo mismo con la sepsis. Necesitamos mayor educación y conciencia pública”.
Con el objetivo de generar evidencia local, la investigadora iniciará un estudio de prevalencia de sepsis en el Hospital Arturo Oñativia, un estudio para conocer la situación en el norte argentino. Durante al menos un año, el equipo identificará a todos los pacientes internados que cumplan criterios diagnósticos de sepsis. Esto permitirá analizar la frecuencia de la enfermedad, su posible variación estacional y las características clínicas de los pacientes.
“Queremos entender mejor la práctica actual, identificar las comorbilidades más frecuentes y analizar variables clave como el tiempo de internación, la gravedad de los casos o la mortalidad”, explica.
El Hospital Oñativia atiende a una población con alta prevalencia de enfermedades metabólicas como diabetes, hipertensión o enfermedad renal, condiciones que pueden aumentar la vulnerabilidad frente a infecciones graves. Contar con datos propios permitirá dimensionar el problema en la región y pensar estrategias para reducir tanto la mortalidad como las complicaciones de la enfermedad.
Más allá de sobrevivir: qué ocurre después de la sepsis
Tradicionalmente, la atención médica se enfocó en lograr que los pacientes sobrevivan al episodio agudo de sepsis. Sin embargo, en los últimos años comenzó a estudiarse con mayor detalle qué ocurre después del alta hospitalaria. “Sabemos muy poco sobre la evolución de estos pacientes, especialmente en sistemas de salud fragmentados como el argentino, donde la continuidad durante la transiciones de cuidado – por ejemplo el alta hospitalaria es una transición de un ámbito de cuidado agudo al comunitario- es un desafío para el sistema ”, explica la investigadora.
Dentro del primer año después del alta, muchos sobrevivientes (10-73%) vuelven a internarse por nuevas infecciones u otras causas no infecciosas, desarrollan limitaciones físicas (33-72%) o presentan dificultades cognitivas (30-63%), como problemas de memoria o concentración. Estas limitaciones se han descripto como síndrome post sepsis, un concepto que surgió hace poco más de una década, con el estudio de las consecuencias de la enfermedad crítica y en particular observando la evolución de los sobrevivientes de sepsis y shock séptico.
Los problemas de salud persistentes después de un episodio de sepsis, los estudiamos como “outcomes a largo plazo”, o resultados de salud a largo plazo, incluyen por ejemplo la readmisión hospitalaria, la discapacidad para realizar actividades cotidianas o los problemas cognitivos persistentes. Diversos estudios internacionales muestran que estas consecuencias pueden extenderse hasta cinco años después del episodio de sepsis.
En una primera etapa, el proyecto se enfocará en analizar la readmisión hospitalaria tras el alta, con la idea de avanzar posteriormente hacia otros indicadores de recuperación. “Comprender qué ocurre con los pacientes después de la sepsis es clave para pensar intervenciones sanitarias que mejoren su calidad de vida y reduzcan el impacto social y económico de la enfermedad”, señala Laura Alberto.
Investigar desde el sistema público
Desarrollar investigaciones clínicas en el sistema público presenta desafíos particulares, entre ellos el acceso a la información clínica en un contexto donde la digitalización de registros avanza de manera desigual.
“Muchas veces un mismo paciente tiene información distribuida entre registros en papel y sistemas digitales distintos, lo que exige un esfuerzo adicional de recolección”, explica la Dra. Alberto. A esto se suma el subregistro en servicios altamente demandados, donde la urgencia asistencial compite con el tiempo disponible para documentar datos clínicos.
Aun así, Alberto destaca la importancia del trabajo colaborativo con los equipos hospitalarios y confía en construir soluciones junto a profesionales del hospital y de la Unidad de Conocimiento Traslacional.
Por su parte, Laura Alberto comenta sobre su trayectoria la cual fué marcada por la práctica clínica y, el interés de la investigadora por la sepsis surgió tras más de quince años como enfermera de terapia intensiva, donde observó que muchos pacientes llegaban en estados clínicos extremadamente graves, fenómeno que hoy se estudia dentro del campo del “deterioro clínico” y los sistemas de respuesta rápida hospitalarios.
Antes de su formación doctoral participó en el desarrollo de un modelo de enfermería orientado a detectar tempranamente pacientes en riesgo fuera de terapia intensiva. “Una de las causas principales de deterioro clínico es la sepsis, especialmente cuando progresa a shock séptico. Esa curiosidad por evitar esas muertes me impulsó a generar conocimiento”, recuerda la investigadora.
Su vínculo personal con la región también influye en la investigación: nació en Poscaya, cerca de Nazareno, en la puna salteña, en una familia de origen aborigen, por esto Laura Alberto resalta: “Durante mucho tiempo no tuvimos acceso a la atención médica. Eso genera una motivación profunda por contribuir a mejorar la salud de estas comunidades”.
Ciencia clínica y colaboración internacional
Desde 2023, Alberto integra un panel global de expertos que actualiza las recomendaciones internacionales de la campaña Surviving Sepsis, iniciativa liderada por sociedades científicas de Estados Unidos y Europa. Su participación, en representación de la World Federation of Critical Care Nurses, la convierte en la primera enfermera intensivista investigadora hispanohablante en formar parte del grupo.
También participa en la Global Sepsis Alliance, organización dedicada a promover estrategias de investigación e implementación sanitaria frente a esta enfermedad. En paralelo, explora posibles líneas que integran ciencia clínica y básica, incluyendo estudios genéticos orientados al reconocimiento temprano de la sepsis. Investigaciones recientes identificaron genes que se activan en fases iniciales de la enfermedad, una frontera científica que podría abrir nuevas herramientas diagnósticas.
En cuanto al mensaje hacia la comunidad en general, para la investigadora, la concientización social es clave. Ante cambios súbitos en personas vulnerables —adultos mayores, pacientes con enfermedades crónicas, inmunocomprometidos o recientemente operados— recomienda buscar atención médica inmediata.“Si la persona tiene fiebre, temblores, dificultad para respirar, piel fría o alteraciones de la conciencia, hay que acudir a un servicio de emergencias y preguntar si podría tratarse de una infección o incluso de sepsis”, aconseja la especialista.
Construir evidencia para transformar la atención
Los próximos pasos del proyecto incluyen la aprobación ética, la conformación del equipo de trabajo y la incorporación de nuevas herramientas diagnósticas, como la actualización internacional del score SOFA para evaluar disfunción orgánica.
En un contexto donde la sepsis continúa siendo una emergencia médica subdiagnosticada, la investigación liderada por Laura Alberto busca generar evidencia local para comprender mejor el problema en el norte argentino. El estudio aportará información inédita sobre la epidemiología regional y fortalecerá estrategias de reconocimiento temprano, un factor decisivo para reducir la mortalidad.
Desde el Hospital Oñativia, el proyecto aspira a sentar bases para futuras intervenciones sanitarias y políticas públicas basadas en datos propios, contribuyendo a mejorar la atención en una región históricamente poco representada en la investigación clínica nacional. Comprender las características de la población en riesgo de sepsis ayudará al diagnóstico oportuno —y actuar antes de que avance a un shock séptico— sintetiza el objetivo central de una investigación que busca transformar conocimiento científico en mejores oportunidades de cuidado para la población.

