La biodiversidad es mucho más que la variedad de plantas y animales que habitan un territorio. Incluye también la diversidad genética, de especies, ecosistemas y paisajes que interactúan entre sí y sostienen el funcionamiento de la vida en el planeta. Cada 22 de mayo, el Día Internacional de la Diversidad Biológica invita a reflexionar sobre la importancia de conservar esos sistemas naturales de los cuales depende también la vida humana.
En este contexto, Carolina Mangudo, Investigadora del INENCO analiza la diversidad de mosquitos presentes en distintos ambientes de la provincia de Salta, tanto naturales como artificiales, para comprender cómo interactúan las especies y qué implicancias tienen esas relaciones en la transmisión de enfermedades. “La biodiversidad sostiene procesos esenciales para nuestra vida cotidiana. El aire que respiramos, el agua, los alimentos o incluso muchas medicinas dependen del equilibrio de los ecosistemas”, explica la especialista.
Desde una mirada ecológica, la Dra. Mangudo remarca que la biodiversidad permite que los ecosistemas sean más resilientes frente a cambios o pérdidas de especies. “Cuanta mayor diversidad existe, mayores son las posibilidades de que el sistema se recupere y continúe funcionando”, señala.
Mosquitos, ecosistemas y salud
Su línea de trabajo se centra en el estudio de la diversidad de mosquitos en hábitats larvales naturales —como huecos de árboles o cuerpos de agua en suelo— y artificiales, entre ellos canales de drenaje y estanques. El foco está puesto especialmente en aquellas especies consideradas vectores de patógenos causantes de enfermedades con importancia sanitaria. Es decir, aquellos que actúan como transmisores de enfermedades, por ejemplo: Dengue, Zika, Chikungunya y encefalitis.
En ese sentido, la especialista explica: “Conocer en qué ambientes se desarrollan los vectores y con qué otras especies conviven permite pensar mejores estrategias de prevención y control”, sostiene. Además, destaca que los ambientes con mayor biodiversidad pueden contribuir naturalmente a regular ciertas poblaciones de mosquitos. “Mientras más biodiverso es un hábitat, más posibilidades existen de que el propio ecosistema genere mecanismos de regulación”.
Conocer para conservar
La investigadora enfatiza que el primer paso para conservar la biodiversidad es conocerla. En ese sentido, la ciencia cumple un rol fundamental no solo para registrar especies y comprender ecosistemas, sino también para aportar herramientas concretas frente a problemáticas ambientales y sanitarias. “Muchas veces pensamos la biodiversidad como algo lejano, pero está presente todo el tiempo en nuestra vida diaria. Protegerla es también proteger nuestra salud y nuestra calidad de vida”, concluye.