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CIENCIAS DE LA TIERRA, DEL AGUA Y DE LA ATMÓSFERA
Ciencia argentina para producir y conservar: una iniciativa trinacional busca fortalecer el capital natural en la triple frontera de Sudamérica
El proyecto “Sin fronteras para el yaguareté: conservación en el corazón de Sudamérica”, liderado por una investigadora del CONICET y financiado por The Rufford Foundation, reúne a especialistas de Argentina, Bolivia y Paraguay para generar información científica orientada a compatibilizar producción, conservación y desarrollo sostenible en una región estratégica para el capital natural de Sudamérica.
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¿Cómo compatibilizar la producción con la conservación de los recursos naturales? Esa es una de las preguntas que busca responder un equipo de investigación liderado desde Argentina. La iniciativa combina ciencia aplicada, cooperación internacional y trabajo con actores locales para promover el uso sostenible del territorio en una región compartida entre los tres países. El objetivo es aportar conocimiento que permita reducir conflictos, fortalecer la planificación territorial y favorecer el desarrollo de actividades productivas compatibles con la conservación de los ecosistemas.
La propuesta es liderada por la investigadora del CONICET Salta-Jujuy que pertenece alla Delegación Regional del Noroeste (DRNOA) de la Adm. de Parques Nacionales y a su vez es la cofundadora de la Fundación Jaguares en el Límite, María Flavia Caruso, junto con especialistas e instituciones de los tres países.
La región de estudio abarca sectores del Gran Chaco y las Yungas, un territorio que concentra una importante actividad ganadera y agrícola y, al mismo tiempo, provee servicios ecosistémicos esenciales como la regulación hídrica, el almacenamiento de carbono y el mantenimiento de la fertilidad de los suelos. La iniciativa busca comprender y mantener la funcionalidad de estos paisajes mediante la identificación y validación de corredores biológicos y áreas prioritarias para la conectividad estructural y funcional del territorio.
La biodiversidad constituye un capital natural estratégico para el desarrollo sostenible. Sin embargo, la transformación del paisaje y la fragmentación de los ambientes naturales representan desafíos crecientes para la provisión de servicios ecosistémicos y para la coexistencia entre las actividades productivas y la fauna silvestre. En este contexto, el yaguareté (Panthera onca), por su rol como especie clave y por sus requerimientos ecológicos, funciona como un indicador del buen estado de los ecosistemas. Comprender cómo utiliza el paisaje permite generar información útil para la gestión del territorio y para la conservación de procesos ecológicos fundamentales que sostienen la productividad y la resiliencia frente al cambio climático.
Con ese objetivo, María Flavia Caruso lidera esta iniciativa internacional que reúne a especialistas, organizaciones e instituciones de Argentina, Bolivia y Paraguay para generar información científica y promover estrategias de gestión basadas en evidencia. “Durante mucho tiempo se planteó una falsa dicotomía entre producción y conservación. Hoy sabemos que la biodiversidad y los ecosistemas representan un capital natural estratégico y que comprender su funcionamiento es fundamental para promover un desarrollo sostenible y competitivo en el largo plazo”, señala Caruso.
La iniciativa se desarrolla en la región de la triple frontera entre Argentina, Bolivia y Paraguay, un área estratégica donde convergen el Gran Chaco y las Yungas. Además de albergar una importante biodiversidad, estos ambientes sostienen actividades productivas, regulan procesos ecológicos esenciales y constituyen una base natural para el desarrollo regional.
Ciencia aplicada para la gestión sostenible del territorio
Entre las actividades previstas por el proyecto se encuentran el monitoreo de fauna mediante cámaras trampa, la validación en campo de corredores ecológicos previamente identificados a través de análisis espaciales, y el trabajo conjunto con comunidades locales y productores rurales. El objetivo es generar información que permita fortalecer la planificación territorial, reducir conflictos con la fauna y promover estrategias de coexistencia entre producción y conservación. “Uno de los principales objetivos del proyecto es validar en campo corredores identificados previamente mediante modelos espaciales e integrar información sobre la conectividad estructural y funcional del paisaje. La ciencia permite identificar oportunidades para producir y conservar al mismo tiempo”, explica Caruso.
Las primeras campañas de relevamiento ya se realizaron en Paraguay y continuarán en Bolivia y Argentina. Los datos obtenidos permitirán comprender mejor la dinámica de la fauna y orientar decisiones de manejo y planificación territorial basadas en evidencia científica. “Contar con información confiable ayuda a prevenir conflictos, optimizar el uso de los recursos naturales y fortalecer actividades económicas compatibles con la conservación, generando beneficios para las comunidades locales y para las futuras generaciones”, explica la investigadora.
Según Caruso, uno de los aspectos centrales de la iniciativa es fortalecer las capacidades locales y consolidar redes de cooperación transfronteriza que permitan sostener acciones de largo plazo.
Capital natural y desarrollo regional
El Gran Chaco constituye el segundo bosque más extenso de Sudamérica después de la Amazonia y representa uno de los ecosistemas más importantes y, al mismo tiempo, más amenazados del continente. Mantener la conectividad ecológica y la funcionalidad de estos paisajes resulta clave no solo para la biodiversidad, sino también para la provisión de servicios ecosistémicos y la sostenibilidad de las actividades productivas. En este contexto, la ciencia aplicada y la cooperación entre países se presentan como herramientas fundamentales para una gestión inteligente del territorio. La identificación y conservación de corredores ecológicos permite mantener procesos ecológicos esenciales y aumentar la resiliencia de los ecosistemas frente a los cambios ambientales.
La iniciativa liderada por Caruso cuenta con financiamiento de The Rufford Foundation y se desarrolla en colaboración con investigadores y organizaciones de Argentina, Bolivia y Paraguay. A través de la articulación entre ciencia, producción y gestión territorial, el proyecto busca aportar herramientas concretas para promover un desarrollo basado en el aprovechamiento sostenible del capital natural. “Los recursos naturales son una ventaja comparativa estratégica para Sudamérica. Generar conocimiento científico sobre el territorio y sus procesos ecológicos es una inversión que contribuye a reducir incertidumbres, mejorar la toma de decisiones y fortalecer un modelo de desarrollo sostenible para las generaciones presentes y futuras”, concluye Caruso.