Biodiversidad
Nuevo estudio revela cómo viven los peces de los ríos de montaña del noroeste argentino
Especialistas del CONICET realizaron la investigación, junto a un equipo integrado por universidades argentinas, la Fundación Miguel Lillo, la Killifish Foundation e instituciones de Uruguay.


Un nuevo trabajo publicado en Acta Zoológica Lilloana describe el uso del hábitat, la coloración y el comportamiento de peces de las cabeceras montañosas del noroeste de la cuenca del Plata, una región de alta diversidad, endemismo y valor para la conservación.
El estudio, titulado “Habitat use, coloration, and behavioral observations of fishes from mountainous headwaters of the northwestern La Plata basin”, tuvo como primer autor a Felipe Alonso, investigador del CONICET en el Instituto de Bio y Geociencias del Noroeste Argentino (IBIGEO, CONICET-UNSa) y la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), junto a Alejo Joaquín Irigoyen, del CESIMAR (CONICET-CCT CENPAT), Gastón Aguilera, Guillermo Terán y Juan Marcos Mirande, de la Fundación Miguel Lillo-CONICET, entre otros autores de instituciones nacionales e internacionales. La revista Acta Zoológica Lilloana es una publicación científica de la Fundación Miguel Lillo.
La investigación parte de una pregunta simple, pero poco abordada en peces de agua dulce: ¿cómo viven realmente estos animales en su ambiente natural? Es decir, no solo qué especies existen o dónde se distribuyen, sino cómo usan el río, en qué sectores se refugian, cómo se alimentan, cómo interactúan con otras especies, cómo forman cardúmenes y qué papel puede cumplir la coloración en esas interacciones.
Para responderlo, el equipo realizó observaciones directas en cursos de agua de las cuencas de los ríos Bermejo y Juramento. En total, se acumularon más de 81 horas de observación directa y 18 horas de filmaciones subacuáticas. También se tomaron fotografías de peces vivos en el sitio, mediante acuarios especialmente diseñados para registrar su coloración natural. Uno de los principales hallazgos es que los peces no se distribuyen al azar dentro del río. Cada especie tiende a ocupar sectores particulares según la velocidad del agua, la profundidad, el tipo de fondo y la presencia de vegetación. En los rápidos, donde la corriente es intensa y el fondo está dominado por piedras, fueron frecuentes especies asociadas al sustrato, como los torillos (Trichomycterus spegazzinii), viejas de agua (Rineloricaria steinbachi), virolitos (Characidium spp. y Parodon carrikeri). Estos peces suelen ubicarse cerca del fondo o detrás de piedras, donde la corriente disminuye y pueden mantenerse en posición con menor gasto de energía.
En cambio, en pozones y sectores de corriente moderada se observaron con mayor frecuencia especies que nadan en la columna de agua y forman cardúmenes, como las mojarras (Psalidodon spp., Nantis indefessus, Astyanax abramis y Acrobrycon tarijae). Muchas de ellas se orientan contra la corriente y se alimentan de partículas en suspensión. Los brazos secundarios, más someros, tranquilos y con vegetación acuática, concentraron juveniles de varias especies, lo que sugiere que funcionan como áreas de cría o refugio durante etapas tempranas del desarrollo.
El trabajo también documenta comportamientos llamativos. En el dientudo (Oligosarcus bolivianus), los investigadores registraron una posible estrategia de mimetismo agresivo: individuos de esta especie se acercaban o se integraban brevemente a cardúmenes de mojarras (caraciformes), posiblemente aprovechando su parecido para aproximarse a potenciales presas sin ser detectados. En Salminus brasiliensis, en cambio, se observaron estrategias de caza diferentes según las condiciones del ambiente: en aguas claras del río Popayán se registraron ataques coordinados entre varios individuos, mientras que en aguas turbias del río Bermejo se observó un individuo atacando desde abajo mediante emboscadas rápidas a cardúmenes de mojarras.
Otro resultado relevante fue el registro de interacciones tróficas entre especies. La boguita Steindachnerina brevipinna, por ejemplo, remueve el fondo mientras se alimenta, dejando expuestas partículas que luego pueden ser aprovechadas por otros peces, como las mojarras (Astyanax y Psalidodon). Estas asociaciones muestran que las comunidades de peces están organizadas por una red compleja de interacciones, donde el comportamiento de una especie puede modificar las oportunidades alimentarias de otras. La coloración también apareció como un componente importante de la vida bajo el agua. Las especies asociadas al fondo presentaron generalmente colores marrones con manchas oscuras, compatibles con el camuflaje sobre fondos rocosos o sedimentarios. En cambio, muchas especies que forman cardúmenes en la columna de agua compartieron patrones similares: cuerpos plateados o amarillentos, manchas oscuras en regiones específicas y tonalidades rojizas en el ojo o las aletas. Estas semejanzas podrían favorecer la coordinación del grupo, el reconocimiento entre individuos o la integración en cardúmenes mixtos.
El estudio destaca además un patrón particularmente interesante en las mojarras de la especie Acrobrycon tarijae. Los adultos fueron registrados en sectores altos de la cuenca, alrededor de los 1400 metros sobre el nivel del mar, mientras que los juveniles aparecieron en tramos más bajos, entre los 300 y 600 metros. Esta segregación altitudinal por tamaño sugiere que la especie podría desplazarse a lo largo del río durante su ciclo de vida, con juveniles desarrollándose aguas abajo y adultos retornando a sectores superiores para reproducirse. Para el equipo, estos resultados refuerzan una idea central: conservar peces no implica solamente proteger especies aisladas, sino también conservar la complejidad física de los ríos y su conectividad. Rápidos, pozones, brazos secundarios, márgenes vegetados, cuevas, troncos sumergidos y fondos de distinto tipo cumplen funciones diferentes. Algunos sectores sirven como refugio, otros como áreas de alimentación, otros como sitios de cría o posibles zonas de reproducción.
Esta información es especialmente relevante en una región donde muchas especies son endémicas o se encuentran amenazadas, y donde los ríos sufren presiones crecientes por modificación de cauces, canalización, pérdida de vegetación ribereña y otros impactos humanos. La simplificación del hábitat puede eliminar microambientes esenciales para juveniles, especies de fondo, cardúmenes o depredadores, afectando procesos ecológicos que no siempre son visibles a simple vista.
El trabajo también subraya la importancia de la historia natural y de la observación directa en campo. Algunas especies que no fueron capturadas con métodos tradicionales sí aparecieron en videos subacuáticos, mientras que otras fueron capturadas pero no observadas durante los relevamientos visuales. Esto muestra que las capturas y las observaciones se complementan: unas permiten identificar y estudiar ejemplares, y las otras revelan cómo se comportan los peces en su ambiente. En conjunto, la publicación aporta una mirada integradora sobre los peces de montaña del noroeste argentino. Muestra cómo la forma del cuerpo, la coloración, el comportamiento y las características del ambiente se combinan para organizar las comunidades. También pone en valor el trabajo de instituciones científicas públicas como el CONICET, y las universidades públicas, que a través de sus investigadores, institutos y colaboraciones federales permite generar conocimiento sobre la biodiversidad argentina y aportar herramientas concretas para su conservación.